Mister Adelson no pasó por Lavapiés (ni falta que hace)

Fuente: 3500 Millones | 28 de junio de 2012

Escrito por Daniel Jiménez, redactor de Noticias Positivas.

En estos tiempos en los que los ERE y los cierres de empresas se han convertido en el pan nuestro de cada día, resulta que a Madrid le ha salido una irreductible aldea gala que resiste al desempleo en el barrio de Lavapiés. La capital de la aldea se encuentra en el Mercado de San Fernando, ubicado en la calle de Embajadores, y que hasta hace pocos meses parecía estar abocado, como la mayoría de los mercados de abastos de “toda la vida”, a ir apagándose poco a poco hasta su cierre.

Pero el escenario ha cambiado recientemente con la entrada en escena de un grupo de personas jóvenes, muchas de ellas ligadas a centros sociales como el Patio Maravillas o La Tabacalera y que, animadas por la bajada en el precio de los alquileres, se han decidido a hacerse cargo de un total de veinte puestos para poner en marcha nuevos negocios. Su planteamiento sorprende por lógico: ante la falta de empleo, autoempleo al poder. Autoempleo con sentido local, para fortalecer el tejido social y económico del barrio. Como dice una de las máximas de los movimientos sociales: “sola no puedes. Con amigos sí”.

Muchos de estos veinte locales del Mercado de San Fernando ya han sido abiertos al público, aunque todavía quedan pendientes varias inauguraciones. Inauguraciones que se celebran los sábados, y en las que hay cabida para todo tipo de actividades, más allá de las típicas degustaciones. El pasado sábado, sin ir más lejos, la electrocumbia de Chico Trópico amenizó la presentación de La Republicana, un puesto de venta de comida vegetariana a precios populares, nos explican sus dueños, Elisa y Manu, que quieren hacer accesibles estos productos “para la gente del pueblo”.

Pegado a La Republicana nos encontramos con Maniobras Reciclantes y Los Panchitos del Frente. Tres locales que hasta hace no mucho estaban cerrados a cal y canto. Antes no pasaba nadie por aquí. Ahora vemos a varias personas mirando precios y productos. Por ejemplo, preguntando por un precioso collar hecho con pipas de melón coloreadas, que llama la atención de un curioso apostado ante el escaparate de Maniobras Reciclantes. La tienda la lleva la asociación cultural del mismo nombre, que espera que el local sea también un punto de encuentro para artesanos que, además de vender sus creaciones, organicen charlas y talleres, principalmente sobre temas como el reciclaje o la reutilización de materiales. El proyecto también tiene una importante vertiente social. De hecho, varios de los artículos expuestos han sido realizados por un grupo de madres solteras bolivianas que gracias a la artesanía han logrado empoderarse económica y socialmente en su país.

A escasos metros de Maniobras Reciclantes se encuentra Los Panchitos del Frente, irónico nombre de este establecimiento llevado por un mexicano y un argentino.

Está dedicado a la venta de quesos y conservas, principalmente de elaboración ecológica y artesanal. Un planteamiento muy similar, pero enfocado en este caso al pan y a los productos derivados de la harina, es el que anima la actividad de La Pistola, otro de los nuevos puestos del mercado, que plantea la recuperación del “pan que comíamos antes”, como apunta Sandra detrás del mostrador.

La panadería, de apenas un mes de vida, es el segundo proyecto de la cooperativa El Pedal, que hace nueve meses puso en marcha un cervecería con este mismo nombre. Está especializada en pequeñas marcas de cervezas artesanales, algunas de ellas muy difíciles de encontrar. En este caso, no hablamos de un puesto del Mercado de San Fernando, sino que es la calle Argumosa, una de las más populosas de Lavapiés, la que da cobijo a El Pedal. Dentro del bar nos atiende Javier, que nos cuenta que se fue al paro en octubre de 2008, poco después de que sonara el gong del inicio de la crisis.

“Ahora mismo estamos comiendo cuatro personas de este negocio, y de la panadería, otras tres”, afirma orgulloso Javier, que se muestra esperanzado ante lo que está sucediendo en el barrio. “Yo lo llamo gentrificación positiva. No es como lo que está pasando en Malasaña con Triball, sino que es gente del propio barrio la está cogiendo locales relativamente baratos para montar proyectos de autoempleo y proyectos de vida pequeños, donde no vas a explotar a nadie, sino que vas a recibir una compensación por tu trabajo”.

La conclusión de esta animada conversación es que tal vez no es viable un sistema en el que todo el mundo se enriquezca, pero vivir dignamente de tu modesto negocio no es tan difícil. Ojalá lo supieran esos responsables políticos y económicos que tantos golpes de pecho se dan con el “drama del desempleo” mientras persiguen, como en un remake berlanguiano, a los Adelson de turno.

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